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Buscar estar perdida

Buscar estar perdida surge de un viaje al sur atravesado por la pérdida. Una publicación donde la fotografía y la poesía se cruzan para intentar decir algo cuando todo se vuelve ausencia.


Frente a lo inmenso solo me dejé atravesar. Conmigo en el fin del mundo, las palabras no siempre fueron suficientes y no todas las preguntas tuvieron respuestas. Pero fue ahí donde encontré el impulso y la fuerza para hacer Buscar estar perdida.


“Con más preguntas que respuestas me encaminé en la pérdida. Ya nada sería lo mismo, la vida se había teñido de ausencia. Tuve el leve impulso de juntar mis restos, los restos del sinsentido y partir.”


La naturaleza acompaña el duelo y la transformación espera al final del camino, porque todo es cíclico.

1.ª edición (2021): 60 ejemplares 

2.ª edición (2022): 90 ejemplares

Fotografías y textos: Irina Ivnisky 

Medidas: 15 × 21 cm 

Interior: 52 páginas, papel Rives Design 120 g y papel vegetal 90 g 

Tapa: papel Rives Design 250 g 


Buenos Aires, Argentina, 2021

mi sangre también rebrota, esa sangre a la que todavía perteneces y en donde hoy te encuentro.

Proceso creativo

Buscar estar perdida nace de un viaje al sur atravesado por el duelo. Después de un año intenso y de la pérdida de mi papá, que me desarmó por completo, necesité salir de la ciudad, tomar distancia, escaparme un poco para poder volver a encontrarme. Estaba agotada, con muchas preguntas, con bronca y profundamente triste. Como suspendida en un mal sueño. En ese movimiento de huida y búsqueda, la cámara y el cuaderno volvieron a acompañarme, como siempre, siendo mis dos formas de atravesar la vida. 


Fue la naturaleza la que me bajó a tierra. Frente a lo inmenso, entendí que sobre la muerte se construye la vida. Al volver del viaje y revisar las fotografías, aparecieron con fuerza imágenes de árboles caídos, raíces expuestas, brotes que nacían sobre lo que estaba muerto. La naturaleza como espejo, como recordatorio de un ciclo que insiste aún en medio del dolor. Ahí supe que había algo para decir. 


En paralelo, estaba atravesando un proceso intenso de escritura en distintos talleres, como una forma de catarsis y de expresión de lo que no encontraba cómo nombrar. Textos nacidos desde la angustia más cruda, desde el desorden, desde la necesidad de sacar hacia afuera lo que dolía. Ese cruce entre las imágenes y las palabras empezó a tomar forma y se transformó en el impulso para hacer mi primera publicación. 


El proceso fue largo y complejo. Autopublicarse en pandemia, enfrentarse por primera vez a decisiones de formato, papeles, impresión, pruebas, errores y frustraciones. Buscaba que la materialidad acompañara ese clima emocional: un papel rugoso, opaco, áspero, que no hiciera brillar las imágenes, que sostuviera la densidad del momento. Necesitaba que el soporte también hablara del dolor. 


Con el tiempo, el dolor se volvió colectivo. La publicación empezó a circular, llegaron respuestas, resonancias, historias compartidas. Entendí que algo de ese duelo encontraba sentido al transformarse en una experiencia que podía acompañar a otrxs. Hacer algo con el dolor, convertirlo en otra forma, en objeto sensible, fue profundamente sanador. 


Buscar estar perdida marca para mí un comienzo. El inicio de una manera de trabajar, de mirar y de mostrarme. Un primer movimiento de exposición desde lo más íntimo, atravesando el miedo, entendiendo que ahí, en ese lugar frágil, había también una potencia enorme. Fue el punto de partida de un recorrido que todavía hoy sigo transitando.

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